En los IES se enseñan materias básicas como Matemáticas, Lengua o Historia que algunas, como las matemáticas aplicadas, la lengua o los idiomas, tienen una utilidad clara. Saber comunicarse, interpretar información y manejar números es esencial en cualquier profesión y en la vida cotidiana. Pero hay conceptos y unidades didácticas que la mayoría de alumnado no usará nunca en su día a día.
Sin embargo, a menudo encontramos que algunas materias y contenidos parecen desconectados de la realidad. ¿Cuántos recordamos las fechas exactas de todos los reyes y batallas de la Edad Media? O ciertos ejercicios de química que nunca volveremos a aplicar. La educación es importante como base cultural, pero se vuelve cuestionable cuando no se enfoca en habilidades que realmente necesitaremos más adelante: finanzas personales, tecnología aplicada, pensamiento crítico o habilidades sociales y emocionales.
A veces los alumnos se ven más frustrados a la hora del estudio en cursos avanzados, con temas desconcertantes, novedosos y clásicos. Por ello el alumnado está cada vez más desganado a la hora de aprender conceptos que les parecen absurdos, que estos se preguntan ¿Utilizaré una ecuación para hacer la compra? ¿Usaré funciones para ir al banco? ¿Aplicaré los modelos atómicos para poner una sanción? Estas cuestiones que los alumnos se preguntan cada día hacen que su ideología de estudio se vea más frustrante y pesada.
Asimismo, muchos jóvenes apuestan por una reforma del sistema educativo, un reflejo claro de lo que funciona y lo que no. Muchos estudiantes sienten que los IES no les preparan para la vida real.
La juventud quiere una educación más didáctica, más útil y más llevadera, que lo que estudien sea practicado o guiado a su pensamiento de estudio futuro. Pero esto no implica que se eliminen las materias como las matemáticas o la historia, sino que sus unidades didácticas sean más llevaderas y útiles para el presente y el futuro laboral.
En definitiva, la educación española tiene fortalezas docentes dedicados, contenidos sólidos y un sistema que garantiza acceso a todos. Pero también enfrenta desafíos importantes: relevancia de los contenidos, motivación de los alumnos y preparación para el futuro profesional y personal.
En última instancia, la pregunta que debemos hacernos no es solo qué aprendemos, sino qué aprendizaje nos acompaña más allá del aula. Porque el verdadero éxito de la educación no está en aprobar exámenes, sino en estar preparados para la vida.
Y tú, ¿qué cambiarías del sistema educativo? ¿Qué materias crees que deberían actualizarse o priorizarse? La educación es de todos, y mejorarla depende de nuestra capacidad de cuestionar lo que damos por sentado.
Artículo de opinión de Adrián Margaritti Montero
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Adrián Margaritti
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